lunes, 14 de julio de 2008

El mundo espera las Olimpiadas, Irán no

Otra vez la parte oriental del mundo hace noticia con mayúsculas. En las últimas semanas, Oriente medio y Extremo oriente han sido los principales escenarios donde se desarrollan los acontecimientos centrales de la aldea de Mcluhan.

Mientras todo se apresta para las Olimpiadas Beijing 2008, China, junto con India, asistieron a la última reunión del G8 en Hokkaido, Japón, para debatir los temas que preocupan a las potencias. Sin embargo, las esperanzas de que los dignatarios de estado hagan su trabajo de acuerdo a la responsabilidad política de sus cargos quedaron tan frustradas como las del Coronel Buendía esperando su correspondecia.

En resumen: A las potencias no les interesa mucho resolver problemas mundiales, como la inflación, la (in)seguridad alimentaria, la extrema pobreza del tercer mundo, el terrorismo y la destrucción inminente de la tierra por la contaminación. Con mayor claridad se reflejan la carrera armamentista y el choque de intereses nacionales entre potencias, más preocupadas por colonizar territorios ricos en recursos naturales estratégicos. Algo totalmente indecente.

Pero eso no es todo, Irán apareció en escena con un agresivo despliegue de poderío militar, inquietando a Israel y a E.E.U.U., al probar la capacidad de misiles balísticos de crucero.

La carta de presentación de Irán en el nuevo orden mundial es el desarrollo de su programa nuclear y el aprovisionamiento de armas de destrucción masiva no convencionales. Esto va más allá de la locura o el revanchismo de una nación pisoteada por los imperios occidentales durante siglos.
Se trata de una especie de actitud bélica que predomina en el mundo desarrollado y que no tarda en encontrar eco en varios lugares: E.E.U.U. y la Unión Europea denuncian los peligros de esto sin moral alguna, pues ni ellos dejan de lado la fuerte inversión que hacen en sus presupuestos militares o el apoyo a actores peligrosos que amenzan la seguridad internacional a cambio de ciertos favores.1

Con la caída del muro de Berlín sólo concluyó una etapa. Lamentablemente las amenazas continúan vigentes a pesar de algunos esfuerzos destacables como la mayor apertura bilateral de los bloques Oriente y Occidente y la consolidadación progresiva de la Unión Europea. A pesar de todo, la clase dirigente mundial parece más interesada en distender el debate y distraer a la opinión pública con aspectos menos estratégicos y más espectaculares como las Olimpiadas chinas.

Y el público, la ciudadanía mundial, parece esperar inocente el espectáculo deportivo sin dejar cierta sensación de miedo por lo que puede pasar al despertar.


1.De esto hay recuerdos frescos que datan de la Guerra Fría.